La Cemita poblana: hermana de la torta y prima del pambazo

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Una de las joyas gastronómicas de nuestro país en su interior se esconden historia y tradición.

Un imperdible de la gastronomía local de la ciudad de Puebla son las cemitas poblanas. La gastronomía poblana es vasta, sabrosa, pero sobre todo variada, va desde los antojitos caseros hasta los platos fuertes espectaculares que guardan con celo una cocina única e irrepetible.

Entre sus tesoros destaca la cemita, que tiene como esencia su pan, de origen muy antiguo, que como todos los panes consumidos en México fueron introducidos originalmente por los conquistadores y, al paso del tiempo, fueron enriquecidos en sus formas, sabores y técnicas por los franceses.

Estos antojitos pueden hallarse en estanquillos, mercados, puestos ambulantes, centros comerciales, cocinas económicas e incluso restaurantes.

La variedad y precio queda a elección del consumidor, lo que convierte a la cemita en un antojo rico, barato, y suficiente para dejar satisfecho al más tragón.

Pero antes de llegar a los ingredientes que componen a este pan, dicen que es hermana de la torta y prima del pambazo, vayamos a la historia.

El nombre de cemita tiene relación con el pan sin levadura de origen judío (semita) cultivado en España por la población sefardita (judío-española) desde el Imperio Romano. Puebla tributaba a Madrid con toneladas de panes seis veces al año, para abastecer sus tripulaciones de altamar en los océanos Atlántico y Pacífico.

Aparece como alimento de obreros y artesanos, el típico itacate de la clase popular, un tentempié que se compartía. Fácil de guardar y transportar, pues se come frío, es rendidor y barato.

El consumo de la cemita cobró auge y se volvió cotidiano a principios del siglo XX, principalmente entre las personas más pobres. Un lugar fue clave para la fama de las cemitas, el mercado La Victoria, donde los cargadores de mercancías llegaban desde muy temprano y en ayunas.

Los vendedores de cemitas se apostaban desde muy temprano con sus panes recién salidos del horno, lo que se convirtió en el desayuno ideal para los cargadores. Los cargadores de mercancías desayunaban, tomaban su primer alimento con lo que tenían a la mano, es decir, el pan de pobres, la cemita, a veces les convidaban ‘una probadita’ de los quesos recién llegados, y cuando cargaban cajas de aguacate criollo, alguno se caía o venía magullado y el patrón se los regalaba.

Así fue como los cargadores simplemente comenzaron a confeccionar la receta de lo que ahora conocemos como la cemita poblana. Actualmente, el relleno es una explosión de sabores, puedes elegir entre diversas carnes frías, pechuga de pollo, pierna de cerdo, jamón, milanesa, o bien, combinarlas entre sí y deben también deben llevar chile chipotle, quesillo y hojas de pápalo, que le dan un sabor único.

Y a ti ¿Te gustan las cemitas poblanas garnachero?

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