También se le conoce como mole de matuma, y es tradicional de la región otomí de Tlaxcala.

Conocido como ‘mole de ladrillo’, por su peculiar color, se ofrece a los comensales en cajetes, acompañados de tamales de anís y pulque. Además, es costumbre que las mujeres lleven una olla para que el alimento sea compartido en su hogar.
Hecho a base de guajillo, masa de maíz, semillas de cilantro, canela y carne de res, este platillo ancestral se sirve en los hogares como parte de una tradición religiosa de origen otomí.

El mole de la matuma, que en lengua otomí significa “mayordomía”, es una receta típica de la comunidad indígena ubicada a las faldas de la Matlalcueyetl (volcán inactivo ubicado entre Puebla y Tlaxcala).
La Matuma, un evento religioso presidido por un mayordomo y su grupo de apoyo conformado por diputados. Cada año se realiza en uno de los nueve barrios del pueblo, con el propósito de honrar a su santo patrón, San Juan Bautista.

Las mayordomías, personas en particular que permiten la entrada del santo en sus hogares, son otorgadas mensual y anualmente. Los encargados, entonces, tienen la encomienda de ofrecer cada 24 de cada mes tamales, atole agrio y el mole de Matuma a alrededor de 500 personas.

Mujeres y hombres participan en esta fiesta, pues mientras ellas preparan los tamales y el atole; ellos se encargan de destazar la res y hervir la carne en grandes casos, lista para acompañar el mole de ladrillo.



